
Cala Macarella y Macarelleta
El arquetipo de la cala balear: un entrante de mar turquesa resguardado por pinares mediterráneos y acantilados de piedra caliza blanca. Un auténtico paraíso de aguas calmas.

Naturaleza, tranquilidad y aguas cristalinas.
«Menorca es el refugio de la serenidad mediterránea. Rodeada por el histórico Camí de Cavalls que circunnavega todo su perímetro, guarda calas de ensueño como Macarella, Mitjana y Turqueta, junto al encanto señorial de Ciutadella y el legado británico de Mahón.»
Rodeadas de densos pinares y rocas calizas blancas, el mar menorquín es de una pureza absoluta.

El arquetipo de la cala balear: un entrante de mar turquesa resguardado por pinares mediterráneos y acantilados de piedra caliza blanca. Un auténtico paraíso de aguas calmas.

En el litoral sur de Ferreries, esta ensenada rodeada de altos cantiles de roca calcárea y densos bosques de pino ofrece aguas de una pureza inolvidable.
De los palacios renacentistas de Ciutadella al laberinto encalado de Binibeca Vell.

«Palacios señoriales, puerto histórico y la esencia más noble de Menorca.»
Antigua capital insular con un puerto natural de ensueño en forma de ría. Sus calles porticadas de Ses Voltes, sus palacetes del siglo XVII y XVIII y su catedral gótica irradian distinción y calma mediterránea.

«Un laberinto de cal blanca, madera y silencio junto al mar.»
Poblado de pescadores diseñado en 1972 por el arquitecto Antonio Sintes. Sus estrechos callejones encalados, balconadas de madera y esquinas asimétricas recuerdan la arquitectura vernácula costera tradicional.
Un sendero circular de 185 km que bordea toda la isla descubriendo calas solitarias y torres de vigía.

A pie o a caballo siguiendo el histórico sendero GR 223 que bordea el litoral sur menorquín entre densos pinares sombríos y calas solitarias de arena blanca y agua turquesa.